La falla o insuficiencia cardíaca, representa uno de los mayores riesgos y problemas en la salud de la sociedad, alrededor de 64 millones de personas sufren de este mal, se manifiesta cuando el corazón no logra bombear de manera eficiente la cantidad de sangre que el cuerpo requiere o no consigue llenarse de sangre.
Otras de las razones es cuando los paciente ya cuenta con enfermedades preexistentes tales como, presión arterial elevada o enfermedad de las arterias coronarias, la falla cardiaca es considerada una enfermedad crónica degenerativa, y se calcula que la mitad de los pacientes fallecen cinco años después de su diagnóstico.
Recientes estudios indican que, durante el 2020 en Estados Unidos, casi el 40% de las personas hospitalizadas por el virus presentaban alguna cardiopatía. En la actual pandemia ocasionada por el Covid-19, afecta a personas con afecciones cardíacas, hipertensión o enfermedad de las arterias coronarias, complicando así el proceso de recuperación del paciente.
Según datos en la Unión Europea, la falla cardiaca es la principal causa de hospitalización en los adultos mayores de 65 años y aproximadamente de las personas que se encuentran en los centros hospitalarios, entre el 30% y 40% son diabéticos, incrementando así el riesgo de ataque cardíaco o accidente cerebrovascular en comparación con las personas que no lo padecen.
Un tratamiento adecuado en un padecimiento crónico como la falla cardíaca colabora para ofrecer al paciente una mejor calidad de vida al tiempo que disminuye las probabilidades de tener complicaciones y llegar a un punto crítico, como la muerte.
Los resultados del estudio clínico fase III DAPA-HF reportaron una reducción del 26% en el riesgo de la combinación de muerte cardiovascular y de complicaciones como la hospitalización por falla cardíaca versus el placebo (pastilla sin eficacia terapéutica).
Adicionalmente, es importante que la población tome en cuenta medidas preventivas para disminuir la incidencia de falla cardíaca, entre ellas, evitar el consumo de tabaco y alcohol, el control de otras enfermedades asociadas como la presión arterial alta y la diabetes, realizar actividad física y reducir el consumo de alimentos altos en grasas, azúcar y sal.
Nicol Díaz, redacción Distrito